Qué decir? Hay de todo un poco, como una larga noche de insonmio, encuentras todos tus demonios para exorcizarlos....sin embargo, ninguna noche es demasiado larga.
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Viernes, 20 de mayo de 2005
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas....
La primera vez que supe de esta línea, fue en una película de Woody Allen (Hannah y sus hermanas), tenía yo como quince años. Siempre quiece dedicarle a alguien ese poema, pero nunca se materializó ese fantasma de juventud. Sabía que esta allí, pero no sabía exactamente como hacer para verlo. Un día, le llevé el poema a mi esposa, ella, creo que no lo entendió, simplemente me dió las gracias con un beso y lo guardo en su cartera, un día lo encontré en el cesto de la basura.
Con un soplo de tu mirada ya me rindo
y aunque yo me haya cerrado como un puño
tú siempre abres, pétalo tras pétalo, mi ser,
como la primavera abre
con un toque diestro y misterioso
su más terca rosa.
Y es un misterio esta destreza tuya
para mirar y abrir.
Pero lo cierto es que algo me dice
que la voz de tus ojos
es más profunda que todas las rosas.
Nadie, ni siquiera la lluvia,
tiene manos tan pequeñas.
Cuando entré a la Universidad era virgen. Si, no me apena confesarlo, de hecho lo que intento hacer con esto es escarbar y exorsizar mis demonios y contar mi vida de verdad, lo que pienso de verdad y dejar de lado muchas de las fantasías de la mente.
Por supuesto, trataba de aparecer ante los ojos de mis compañeros como un hombre experimentadeo, pero mi cara de seminarista me impide que lo haga. No puedo luchar contra la naturaleza. Vaca chiquita siempre es ternera, dicen lo campesinos. No había nada que hacer.
hasta ese momento solamente una mujer me había cautivado, M..., me encantaba su desfachatez, me encantaba que parecía estar siempre en una actitud de combate a la vida. M... terminó siendo drogadicta, después estudió antropología y la última vez que la vi estaba poseida por un espíritu aborigen. Cómo hubiera sido hacer el amor con ella?
La dejaba de ver por temporadas. Solamente quiero referirme a una de esas veces en que nos encontramos. Era una Semana Santa, mis papás se habían ido de viaje y yo estaba solo en casa. Llamé a M...., le dije que quería invitarla a cenar, que yo iba a cocinar (siempre he creído que un hombre cocinando es irresistible) y que me encantaría verla. Le dije que nos podíamos tomar unos tragos. Ella me contó que habpia tenido innumerables problemas con el alcohol y que ahora no podía ni olerlo, que estaba en una terapia, o algo así.
Bueno, ella llegó. La verdad es que estaba buenísima. Tenía un jean ceñido. Aunque M.... no tenía un cuerpo espectacular, el jean ceñido hacía que su culo se viera delicioso.
Nos sentamos a hablar. Ella me dijo algo que la impactó: Lo nuestro nunca había funcionado porque yo era el tipo perfecto y a ella le asustaba la perfección.
Imbécil. Pensé para mi. No le dije nada, pues no quería dañar ni el momento ni la oportunidad.
Viendola hablar me di cuenta que ella tenía unas manos muy pequeñas. Me encantaron sus manos, quería besarle las manos y que ella me acariciara todo.
(sigue)
Por: Eduardo Montenegro | Personal | Comentarios (0) | Referencias (0)