Qué decir? Hay de todo un poco, como una larga noche de insonmio, encuentras todos tus demonios para exorcizarlos....sin embargo, ninguna noche es demasiado larga.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Lunes, 01 de agosto de 2005
Bueno, para empezar creo que se hace necesario decir que las relaciones con mi esposa son normales. No nos comportamos como dos seres medio bestializados que permanentemente tienen un sexo desenfrenado. No somos un caso demasiado especial.
Somos dos personales normales. Nuestra vida transcurre como la vida de dos personas jóvenes pero respetables, vivimos en cerca de Bogotá, en Colombia.
Siempre me encantó el vouyerismo y la posibilidad de escandalizar. Claro, yo no soy ni lo suficientemente atractivo ni lo suficientemente valiente para hacerlo yo mismo. Pero encontré en Carolina una aliada perfecta.
Cuando eramos novios, las cosas no habían llegado a los limites en que nos encontramos ahora. Eramos de lo más normales.
Un día, cuando eramos recién novios, le dije que no me gustaba su ropa interior. La verdad era que me parecía que no era muy sexy. Le insinué que debería usar tanguitas. Ella aceptó y cambió su ropa interior tradicional por hermosas tanguitas, cada vez más pequeñas.
Haciamos el amor, con una frecuencia que no esperaba. Sin embargo nunca me atreví a sugerirle a hacer las cosas que hoy hacemos. Me parecía que era demasiado inocente para esto.
Pasaron un par de años, y me decidí a proponerle que nos escaparamos a para juntos un fin de semana. Esto, que en otros países puede parecer una tontería, en muchos países de latinoamérica es toda una proeza. El control paterno sobre las hijas sigue siendo muy fuerte y es muy difícil que una muchacha pueda decirle a sus padres que irá a pasar el fin de semana con su novio, seguramente encerrados y copulando todo el tiempo.
Pues bueno, nos fuimos a un sitio cercano a Bogotá, que es de clima cálido. No puedo dejar de mencionar que Bogotá es excensivamente fría.
Para este paseo quice regalarle a Carolina una tanga como vestido de baño. Se trataba de una tanga de cuadritos blanco y negro, como un ajedrez, que aún hoy en día la conserva como un bonito recuerdo.
Hubo un detalle fantástico. Cuando se la compré, nos atendió por coincidencia una amiga suya que trabajaba en el local de vestidos de baño, me encantó comentarle, como quien no quiere la cosa que nos ibamos a escapar el fin de semana. Era el preludio de lo que vendría después.
Cuando se la puso por primera vez, mi erección delataba las ganas que tenía de comermela toda la tarde, y eso pasó, así que nadie la pudo ver. No me importaba. Me encantaba ver como sus nalguitas por fin estaban libres y ese trozo de tela se mentía entre su culito. Era delicioso ver como el triangulito de adelante apenas si le tapaba su chochito.
Salimos a la piscina. Ella se tapó con un pareo. ¡Yo no lo podía creer! ¿Cómo se iba a tapar de esa manera? Si la gracia de usar una tanga era lucirla. Ella no lo entendía igual, así que comenzaron los conflictos por el "no te tapes" y el " es que me da pena". Su vergüenza me importaba un pito, lo que yo quería era que se exhibiera. Le pedía que fuera al restaurante, SIN TAPARSE, y me comprara un refresco o una cerveza. En fin, lo importante era lucirla.
Ella, en su timidez no sabía que hacer. ´
Esa primera vez fue fantástica. Fue como romper con el tabú. Sé que se sentía mal.
Desde esa primera vez descubrí que me encantaba ver como la miraban, como las señoras se escandalizaban, como las mujeres jóvenes sentían envidia y se burlaban con amargura, como los hombres la miraban sin el menor recato porque yo estuviera ahí.... descubrí que eso me encantaba.
Por: Eduardo Montenegro | AVENTURAS SEXUALES | Comentarios (1) | Referencias (0)